viernes, 15 de octubre de 2010

Richie Hawtin reedita la Plastikman


Richie Hawtin, el artista electrónico con una de las carreras más sólidas y reputadas de la industria musical en las dos últimas décadas, relanza su discografía completa como Plastikman mediante la creación de un pack de lujo hecho a medida que solamente podrá adquirirse a través de su propia web.

A partir de hoy puede adquirirse Arkives (1993-2010), la discografía completa de Plastikman, alter ego del músico y DJ de techno canadiense de origen inglés Richie Hawtin (Banbury, Inglaterra, 1970).

Arkives incluye nuevos remixes de temas clásicos de Plastikman elaborados por personalidades admiradas por el propio Hawtin como Vince Clarke, Moby, Chris & Cosey y François Kevorkian, además de remixes difíciles de encontrar de temas de artistas como Depeche Mode, La Funk Mob o New Order.

Con esta reedición, el músico y DJ de techno más popular del planeta repasa los 17 años de historia de Plastikman y sienta las bases de su futuro.
discografía completa de Cualquier género musical –ya hablemos de rock, jazz o música clásica contemporánea– tiene sus propias reglas, unos elementos únicos que le hace distinto a los demás y que pueden influir en su popularidad entre el público. En este sentido, la música electrónica no es una excepción. Su elemento distintivo es el uso creativo de la tecnología aplicada a la composición de sonido, y ese es uno de los rasgos particulares –una simple cuestión estética– que han ayudado a que su relación con el futuro sea más estrecha que en otros estilos.

Dentro de la música electrónica, como en cualquier otro campo, hay también de todo: genios y visionarios, pero también artistas menores que no pasarán el examen del tiempo. Los creadores que van un paso “más allá” –entre los que podemos incluir a bandas como Depeche Mode, Kraftwerk o Daft Punk– son una raza especial que consiguen calar entre el público generalista a la vez que alteran las reglas de su propio género para llevarlo a un nuevo nivel. Si nos centramos en el techno contemporáneo, el sonido que nació en Detroit y que se basa en el uso del ritmo y la textura –y ciertos elementos de ciencia-ficción– para hacer bailar a la gente en un club, la criba del tiempo ha dejado un nombre que cumple esa función de figura principal, de pionero que abre caminos continuamente. Hablamos de Richie Hawtin.

A Hawtin la palabra “techno” siempre se le quedará pequeña. Él es un músico que nunca ha ocultado su interés simultáneo por el arte contemporáneo, el diseño de vanguardia y la aplicación del desarrollo tecnológico a los usos diarios del hombre –y no únicamente a sus usos particulares como productor de música–. En sus comienzos como artista –localizados alrededor de 1990, cuando cruzaba la frontera de Canadá con Estados Unidos (la familia de Hawtin, inglesa de origen, se había afincado en Windsor, Ontario) para colarse en los clubes de Detroit y admirar el trabajo como DJs de Derrick May y Kevin Sauderson– esta hambre de futuro, de todos modos, no era tan fuerte como demostraría su evolución posterior. Los primeros discos que llevan su nombre –bajo alias como Cybersonik, Plastikman o F.U.S.E.– son trallazos durísimos de techno con riffs hardcore y líneas de bajo ácidas, música furiosa de juventud. Pero en aquellos tiempos, cuando comandaba el sello Plus 8, ya había dos conceptos que a Hawtin le empezaban a preocupar de manera candente: el futuro y una estética pura, limpia, despojada de todo sonido innecesario.

A la altura de su segundo LP como Plastikman, “Musik” (1995), Richie Hawtin ya se comporta como lo hacen ahora muchos artistas contemporáneos plásticos, mediáticos y exitosos. No es un provocador ni se dedica al negocio de la estafa (dios le libre), pero en todo momento transmite una imagen de seriedad absoluta, de profundidad, de “hombre con una misión”: su discurso era clínico por aquel entonces, intelectual, con la intención de otorgarle un alto nivel de seriedad y de compromiso artístico al techno. Su música se definió como “minimalista” –que tanto alude al arte despojado de Mies Van Der Rohe como a la música contemporánea americana de los años 70 que enlazaba la academia con el público del rock–, y a partir de ahí Hawtin empezó a ocupar esa plaza que toda escena musical que desee trascender más allá de sus límites y su misión necesita: el artista, sí, que va “más allá”. No sólo es un DJ de técnica veloz y precisa capaz de mover él solo a masas de 20.000 personas, sino que hace música por su cuenta con la idea de que, si fueran en realidad pinturas, deberían colgar de las paredes del MoMA.


Con la llegada del año 2000, Richie Hawtin entró en una segunda fase de ambición creativa: con la estética minimalista perfectamente moldeada (había fundado un nuevo sello, llamado precisamente M_nus), su preocupación se fue hacia los cambios que se intuían en el sector tecnológico: la introducción del ordenador portátil, la aparición del mp3, el desarrollo de nuevos programas para mezclar y crear sonido –Final Scratch, Ableton Live–. Mientras el techno se volvía conservador a causa de su éxito popular, Hawtin intentaba anticiparse a la actualidad en márgenes de cinco años vista para nunca quedarse atrás, atrapado por la rutina. Con la publicación de su último álbum como Plastikman por el momento, “Closer” (2003), Hawtin proponía un viaje mental a las profundidades del sonido, a las oscuridades de los agujeros negros, a la vez que como DJ empezaba a incorporar ordenadores y hardware de efectos en la cabina, en las que fueron sus legendarias sesiones “decks & efx”.

En los últimos años, con la explosión del minimal techno alemán, Hawtin ha alternado, de un modo bipolar, un hedonismo exhibicionista con su insistente estudio de la tecnología emergente: ha explorado las posibilidades de la red social Twitter como herramienta de comunicación entre DJ y público –al principio con críticas como las que recibió cuando empezó a utilizar el portátil en la cabina de DJ; hoy, todo el mundo usa Twitter (y portátil)–, ha articulado nuevos lenguajes para el techno como DJ y como músico en directo –su presente gira como Plastikman, que pasó por el festival Sónar–, defiende la inmersión completa de la música en el reino digital y, en definitiva, su alto nivel de aciertos han hecho de él una especie de gurú capaz de anticipar el futuro inmediato de la música electrónica. Como rezaba un titular de la revista The Wire en la que Hawtin apareció en portada, “he knows technology” (“él comprende la tecnología”).

Si alguien se distingue del resto en la rama de los sonidos de baile, si alguien debe ser reconocido como icono de esta relación intensa entre música y futuro, sólo el nombre de Richie Hawtin es posible.

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